Still Alive – Capítulo 08

Capítulo 8

Ashley se quedó muda mientras la otra chica tartamudeaba y temblaba.

– Oh dios… no lo sabía. – insistió, mirándola como si viera a un fantasma. – Yo le quería, pero si lo hubiera sabido… no hubiera dejado que pasase… nosotros no… Me prometió que estaríamos juntos cuando volviese… No tenía ni idea… Yo… Lo siento. – sollozó, estremeciéndose de arriba abajo y salió corriendo sin aguantar más allí llena de culpabilidad y gritando que lo sentía.

Lágrimas silenciosas caían por las mejillas de Ashley mientras trataba de asimilar las piezas del puzzle en su cabeza. Envuelta en lágrimas al llegar a la única y dolorosa conclusión posible, fue lo más rápido que pudo en busca de la única persona que podía ayudarla en este momento.

Cuando llegó a la casa, se fue corriendo hasta la habitación de Ethan y entró sin llamar. Encontró al chico sentado a su escritorio leyendo.

– Ahora no, Ashley – le dijo sin mirarla, sabiendo que era ella quien había entrado, se sentía fatal por haberla hecho llorar y no podía soportar el verla así sabiendo que era culpa suya.
– Pero Eth… – trató de hablarle la chica.
– Por favor, Ashley – le pidió aún sin mirarla – yo siempre he hecho lo que tú has querido. Por una vez, ¿podrías hacer lo que te pido yo? – dijo y cerró el libro de golpe.
Ashley asintió sin hablarle y se dio la vuelta para salir de la habitación.


Nathan había tenido mala suerte mientras practicaban maniobras y se había hecho una fea fractura en el pie que le obligaba a guardar cama y no había nada que odiase más que el tener que estar sin hacer nada. Ashley intentaba hacerle toda la compañía que podía, hasta Ethan ayudaba pasándose cuando no trabajaba.

– Voy a salir a comprar, Nate. ¿Te traigo algo? – preguntó Ashley colocándose la chaqueta en la puerta de la habitación donde descansaba su marido.

– ¿Me vas a dejar solito? – se lamentó Nathan poniendo pucheros y tendiéndole un brazo para que se acercase.

– No seas quejica, si va a venir Ethan para que no te aburras. – se acercó Ashley y le dio un suave golpe en el pecho.

Nathan enroscó el brazo en su cintura, tratando de meterla en la cama.

– A lo mejor no viene, tenemos tiempo para nosotros… – susurró pícaro.

Ashley rió tratando de zafarse y miró el despertador de la mesita.

– Ayer me dijo que vendría a las cinco, ya tiene que estar a punto de llegar. – le contó, y en ese momento sonó el móvil de la chica. – ¿Ves? En un par de minutos está aquí. – dijo tras leer el mensaje.

Nathan frunció un poco el ceño al escucharla, últimamente las llamadas entre su mujer y su hermano eran muy frecuentes. Y de esas al menos podía escuchar algo, porque no tenía ni idea de lo que decían los múltiples mensajes que se mandaban y le hacían morirse de celos.

– Voy a abrir. – se marchó Ashley cuando llamaron al timbre.

Nathan pudo escucharles hablar en la entrada, sin llegar a entender qué se decían, y se dio cuenta de cómo sus voces iban bajando de nivel a medida que se acercaban al cuarto. 

– Hola Nate, ¿cómo lo llevas? – saludó Ethan alegremente cuando vio a su hermano, con un brillo travieso en los ojos que Nathan conocía bien, el mismo que aparecía cada vez que planeaba algo.

– Aquí ando. – contestó apagado, cruzándose de brazos como un niño. Ethan rió ante el comportamiento de su hermano, igualito a cuando eran pequeños.

– No me has dicho si quieres algo. – le recordó Ashley, inclinándose para darle un beso de despedida a Nathan.

– No, gracias. – respondió el chico y Ashley asintió. Después de eso cogió a su esposa por la nuca para besarla con tal empeño que no se quedó satisfecho hasta que por el rabillo del ojo notó que Ethan se ponía incómodo.

– Bueno, me voy ya chicos. Portáos bien – sonrió Ashley cuando su marido la soltó.

– Adiós pecosa. – se despidió Ethan, dándole un beso en la mejilla a la chica, quién volvió a despedirse alegremente. – Ash me ha dicho que ya mismo te quitan la escayola, eso es genial. – se alegró Ethan, sin darse cuenta de la mirada asesina que le había dedicado su hermano instantes antes.


Keith estaba en el pequeño despacho anexo al bar repasando las cuentas del último pedido. Miró a la ventana al oír que los truenos acompañaban a la lluvia que había empezado caer fuera, cuando una de las camareras le interrumpió.

– Una chica te busca. – le informó.

– ¿Una chica? Si no me das más datos… – rió, alzando una ceja.

– No sé, está llorando y dice que quiere verte, que sois amigos. Si quieres la echo, la gente está empezando a ponerse nerviosa porque está ahí en medio del bar empapada… – resopló incómoda.

– Ya voy. – contestó el chico, frotándose los ojos con cansancio y poniéndose en pie.

Cambió de actitud en cuanto vio que era Ashley quién estaba plantada en medio del bar. Saltó la barra preocupado y se acercó a ella sin perder ni un segundo al ver que estaba mojada.

– Eh, Ashley, ¿qué pasa? – preguntó en tono suave.

– Keith. – sollozó Ashley, tratando de limpiarse las lágrimas que no dejaban de caer. – Siento molestarte… no sabía a dónde más ir…

El chico le abrió los brazos de forma instintiva, conmoviéndose al verla tan mal, él que estaba acostumbrado e inmunizado a las lágrimas de las mujeres, pero con Ashley era otra historia, con ella todo era distinto. Ashley se refugió en él sin dudarlo, sintiendo que el calor que emanaba del cuerpo del chico a través de la fina camiseta que llevaba la reconfortaba en medio de la frialdad en la que se encontraba.

Keith notó que toda la gente que estaba en el bar los miraba y se dio cuenta de que aquel no era el mejor lugar para hablar. Podía llevarla a su oficina, pero tampoco era demasiado privada, ni demasiado grande y podrían interrumpirles en cualquier momento.

– Vamos, Ashley. Ven conmigo. – susurró en su oído sin dejar de abrazarla. – Cualquier cosa estoy al móvil. – le indicó a la camarera mientras salía con Ashley del bar.

No fueron muy lejos, el chico vivía nada más cruzar la calle en un pequeño apartamento. No era gran cosa y se avergonzó un poco al hacer entrar a Ashley, pero era el sitio más tranquilo que se le ocurrió. La cocina y el salón estaban unidos tipo loft, con una barra americana con taburetes en vez de una mesa central y sillas. El pasillo llevaba a una habitación interior y al baño, uno a cada lado.

Keith se sentó en el cómodo sofá de cuero que dominaba el salón e hizo que Ashley se sentara junto a él, quedando apoyada en su pecho mientras la abrazaba protectoramente.

– ¿Qué ha pasado, Ashley? Puedes contarme lo que quieras, te escucho. – dijo suavemente. – y te sentirás mejor al dejarlo salir. – añadió tratando de reconfortarla y además darle calor, ya que la notaba helada entre sus brazos.

– Nathan… mi marido… me engañaba. – le contó, haciendo real el dolor que la partía por dentro al decirlo en voz alta.


Nathan y Ashley estaban en el gimnasio de la base, la chica había cogido por costumbre ayudar a su marido con los ejercicios de rehabilitación y no faltaba ni un día, pero Nathan notaba que ese día estaba distante y como perdida en sus pensamientos.

– Ash, tu móvil. – la avisó el joven al oír la musiquita y ella fue a cogerlo de la bolsa de deporte, saliendo fuera para hablar.

– Es Lucy, quiere que vaya, cosas de chicas. ¿Te importa Nate? – le preguntó algo nerviosa cuando volvió a entrar.

– No. – respondió Nathan apretando los dientes, sin creerse que esa Lucy no fuese en realidad Ethan, como había pasado un par de días antes y había descubierto al ver de reojo el nombre de su hermano en la pantalla antes de que Ashley lo cogiera y se apartase para hablar, como hacía últimamente. – Nos vemos en la cena. – añadió, indicándole así que ya volvería él por su cuenta.

Ashley salió tras darle un beso y cogió su móvil para volver a llamar a Ethan en cuanto estuvo en la calle.

– Vuelve a darme la dirección Eth y voy para allá. – le pidió. – Nate ni se lo imagina, va a flipar con la fiesta que le vamos a preparar por vuestro cumpleaños. Necesita esto, Eth, está muy decaído con lo de la lesión… – comentó alegremente.

Nathan terminó de hacer sus ejercicios en las barras, guardó sus cosas en la bolsa y se la colgó para irse, chocando con una joven cuando intentaba salir y ella entrar.

– Perdón. – dijo la chica, una rubia de ojos verdes que era la primera vez que Nathan veía.

– No pasa nada. – sonrió Nathan, aún contemplándola sin soltarla.

Sus manos se deslizaron un poco por los brazos de la chica cuando ella se movió, sin que protestase.

-El capitán Nathan Scott supongo. Me habían dicho que podía encontrarle aquí. – le sonrió ella, provocando que cálidas ondas recorriesen el cuerpo de Nathan.

– ¿Y con quién tengo el placer de hablar? – sonrió también Nathan embelesado.

– Sargento Jennifer Smith… señor. – añadió en tono provocativo.

– Solo Nathan, ahora no estamos de servicio. 

– Claro, Nathan. – contestó Jennifer.

Nathan acompañó a la chica, se trataba de una nueva incorporación a la base, y en concreto a su regimiento y aprovechó ese paseo para averiguar más sobre ella. Era una joven atrevida, lanzada y hermosa, y él llevaba demasiado tiempo sospechando que su hermano y su mujer eran demasiado cercanos. No pensó cuando Jennifer le invitó a tomar un café dentro y no lo pensó cuando sintió los labios de la chica sobre los suyos.

Estaban desnudándose en el dormitorio cuando Jennifer notó el anillo de Nathan, deteniéndose incómoda.

– ¿Estás casado? – preguntó sorprendida.

Nathan observó su anillo pensativo, analizando su relación con Ashley fríamente y reconociéndola como una obligación en la que se había visto atrapado sin tener otra opción.

– Sí,… es lo que se esperaba de mí, lo que mi madre quería. Fue mi novia en el instituto… nos casamos… pero no sé, ya nada es igual. – explicó, quitándose el anillo para dejarlo en la mesilla sin darle más importancia, volviendo a lanzarse a los labios de la chica, dejándose llevar por la pasión, la rabia, los celos y la frustración la primera vez y por un sentimiento que se iba haciendo más fuerte todas las que les siguieron en ocasiones posteriores.


– Lo siento mucho Ashley. – dijo Keith cuando la chica terminó de hablar. Continuó consolándola hasta que ella pareció calmarse un poco, aunque no supo si era eso o que ya no le quedaban más lágrimas. Notaba la camiseta empapada por sus lágrimas, aunque por nada del mundo se lo diría, no quería que la chica malinterpretase sus palabras y pensara que le molestaba. – ¿Ves?, tenías que haberme hecho caso en la uni, seguro que conmigo te lo hubieras pasado muchísimo mejor. – le guiñó.

– Qué tonto eres. – dijo Ashley, incorporándose un poco avergonzada al darse cuenta de que estaba sobre él. – Te he mojado, lo siento. – se disculpó, abrazándose a sí misma para darse un poco de calor y ocultarse el vientre, si es que Keith no lo había notado ya.

– Ah sí, te dejaré algo para que puedas cambiarte. – dijo sin darle ninguna importancia, levantándose para ir a su habitación. Volvió con unos pantalones de deporte y una camiseta de manga larga que dejó en el regazo de Ashley, quién no se había movido. – Puedes cambiarte en el baño, luego pondremos eso en la secadora. No queremos que enfermes, ¿verdad? – le guiñó volviendo a irse, esta vez a la cocina para preparar algo caliente.

Ashley fue a cambiarse con timidez, aliviada de que Keith le dejase su espacio y agradecida de las cálidas ropas que le había prestado. La camiseta le quedaba ancha y larga, ocultando perfectamente su vientre como comprobó en el espejo, lo que la ayudó a relajarse.

Keith actuó como el perfecto anfitrión, se encargó de distraerla, animándola poco a poco con sus comentarios, soportando sus burlas cuando demostró no tener ni idea de que película podía animarla en esos momentos y dejó la decisión en sus manos. Se repartieron el sofá, tumbándose cada uno en un extremo.

Vieron la película y compartieron unos sándwiches. Poco a poco, agotada física y mentalmente se fue quedando dormida, bajo la atenta mirada de Keith que no quiso despertarla al creer que lo necesitaba. Pero el sueño de Ashley no fue tranquilo, se despertó al poco tiempo alterada por una pesadilla encontrándose con los intensos ojos azules de Keith que la devolvieron a la realidad.

– ¿Todo bien? – preguntó el chico preocupado, inclinándose hacia ella.

Ashley le asintió secándose el sudor de la frente con el dorso de la mano.

– Creo que debería irme a casa. – le contestó, esquivando su mirada.

– ¿Seguro? Puedes quedarte aquí si quieres, yo dormiré en el sofá. – ofreció preocupado.

– Gracias. – le sonrió Ashley tristemente, tanto por el ofrecimiento como por la compañía. – Pero debería volver, se estarán preocupando.

Keith insistió un poco más, pero dejó de protestar en cuanto Ashley encontró su teléfono sin batería, lo que la hizo reafirmarse en su decisión de irse. Por mucho que una parte de ella desease seguir aislada del mundo con Keith, quién la había sorprendido mucho más de lo que esperaba, sabía que no podía quedarse allí.

Volvió a ponerse su ropa y un rato después Keith detenía el coche cerca de la casa de los suegros de la chica.

– Muchas gracias Keith, por todo lo que has hecho. – le volvió a agradecer, tomando la mano que el chico tenía en el cambio de marchas y dándole un leve apretón.

– De nada, ya sabes dónde estoy si me vuelves a necesitar. También tienes mi número, por si te apetece ahorrarte el viaje. – le sonrió travieso, deslizando el pulgar por el dorso de la mano de ella.

Ashley movió la cabeza ante lo incorregible que era.

– Eres un buen amigo, Keith. – dijo, dándole un beso en la mejilla y soltando su mano para salir del coche.

Keith se forzó a sonreír mientras la palabra maldita resonaba en su cabeza: “amigo, amigo, amigo…”. Ashley le despidió agitando la mano, girándose cuando el coche empezó a moverse. Un ruido la sobresaltó y vio a un enfadado Ethan esperándola sentado en los escalones del porche, que había golpeado con el puño.

– Dios, Ethan. – protestó Ashley llevándose la mano al pecho al haberse asustado.

– Ya veo… todos preocupados porque no sabíamos dónde estabas y tú tranquilamente con ese. – pronunció con despreció y se levantó, mirándola por encima del hombro. – Al menos podías haber avisado, mamá estaba preocupada. Lucy le dijo que estabas con ella, mientras te buscábamos y te llamábamos.

– Me quedé sin batería, y antes lo tenía en silencio. – se defendió Ashley.

– Claro, no os fuésemos a interrumpir. – la continuó atacando Ethan, demasiado celoso y furioso como para pararse a pensar.

– ¿Pero tú de qué vas? – preguntó Ashley empezando a enfadarse. Ethan era el hermano gemelo de Nathan, la persona que más lo conocía, siempre estaban juntos. Nathan sabía todos los secretos de Ethan, ¿por qué no iba a saber éste todos los de Nathan? Le pareció lo más lógico y le pegó un empujón al chico. – Tú lo sabías, ¿verdad? Tenías que saberlo. – le espetó apretando los puños. – ¿Por qué te lo callaste, Ethan?

– ¿Saber el qué? – preguntó Ethan sin tener ni idea de lo que le hablaba.

– ¡Deja de fingir! – le gritó, golpeándole con el puño en el pecho. Ethan lo atrapó en el aire antes de que pudiera golpearle una segunda vez, sin usar más fuerza de la necesaria para impedir que se moviera. – Vale que Nathan te guardase el secreto. Ya sabes, eso de que tú y las chicas no… que no te gustan. – añadió ante la expresión de culpabilidad de Ethan al escuchar lo del secreto. El chico se quedó perplejo ante la explicación. – Da igual, eso no es importante…

– No sé qué te diría Nathan, pero… – la interrumpió el chico con voz fría, molesto ante lo que acababa de oír. – ¡Para mí sí es importante! A mí solo me ha gustado una chica en toda mi vida y si sigo solo es porque soy tan idiota que sigo teniendo esperanzas de que alguna vez me vea a mí y no a mi hermano– le gritó.

Ashley se quedó sin palabras, abriendo y cerrando la boca como un pez fuera del agua, entendiendo el significado de las palabras pero sin llegar a asimilarlas completamente.

– Nunca… – tartamudeó, con los ojos abiertos como platos.

– ¿Para qué? Eso os habría afectado y yo no quería haceros daño… nunca te haría daño. – confesó Ethan con una mueca, crispando el puño que tenía libre.

– ¿Y entonces por qué le ayudaste a ocultármelo? ¿Lo ayudabas a verse con ella? – preguntó, primero desconcertada y después rabiosa.

– ¿Pero de qué hablas?

– ¡Hablo de la mujer con la que Nathan me engañaba! ¡Por la que iba a dejarme cuando volviera! – le gritó Ashley con lágrimas cayendo de sus ojos, sintiendo que su mano caía al soltarla Ethan de golpe.

– ¿Qué? – preguntó Ethan completamente asombrado.

Ashley leyó claramente la estupefacción en sus ojos, la palidez en su rostro, el shock en su expresión… y comprendió que se había equivocado completamente, que Ethan tenía tanta idea como ella misma esa mañana.

– ¡Será hijo de puta! – Ethan le pegó un puñetazo al poste del porche, enfadado con la estupidez de su hermano. – ¿Para eso me hizo alejarme…? ¡Lo mataba! – soltó, diciendo exactamente lo que le pasaba por la mente sin control, mirando a Ashley esperando que le creyera y que supiese que él no sabía nada de todo aquello.

Pero la chica tenía otros problemas, la vista se le volvía cada vez más borrosa, el repentino dolor en su vientre se hacía más intenso y más grande, y las piernas empezaban a temblarle.

– Eth… – lo llamó, con apenas un hilo de voz antes de desmayarse.

– ¡Ashley! – Ethan la recogió antes de que cayera, arrodillándose suavemente con ella. Asustado por la mancha de sangre que vio en sus vaqueros, buscó el móvil desesperadamente en su bolsillo y llamó a una ambulancia. – No puedes hacerme esto, pecosa. No puedo perderos también a vosotros… aguanta, pecosa. – pidió, escapándosele un sollozo, mientras la sujetaba contra su cuerpo.


“… Si le pasa algo por esto… le daré una paliza aunque sea a tu tumba…”

Ashley se debatía entre la consciencia y la inconsciencia, le llegaban voces como apagadas, se concentró en ellas para tratar de mantenerse despierta, pero estaba tan cansada…

“ … No, han dicho que se puede despertar en cualquier momento…”

“ … Yo estaré con ella, no te preocupes…”

“… No, mamá… me quedo… discutimos y ella… yo…”

“… Esto no ha sido tu culpa, hijo… no puedes culparte… todo está bien, ella está bien… estás cansado, ¿no puedes echarte un rato?…”

“… ¿Cómo sigue?…”

“… despertará en cualquier momento…”

Ashley comenzó a abrir los ojos lentamente, le pesaban una tonelada. Poco a poco fue siendo consciente de todo su cuerpo y de su entorno, se encontraba en una habitación un poco en penumbra y estaba acostada.

Fijó su vista y pudo ver las dulces facciones de Maddie junto a ella, sonriéndole mientras le acariciaba una mano que ella tenía colocada sobre la manta.

– Shhh, tranquila, descansa – susurró Maddie mientras le apretaba la mano un poco más, dándole ánimos.

– ¿Eth? – preguntó Ashley con un hilo de voz, recordando lo último que le había pasado y con quien estaba.

– Se ha dormido – señaló Maddie el sillón a su lado susurrando – No había quien lo sacara de aquí hasta que te despertaras – sonrió.

– ¿Cuánto llevo aquí? – preguntó incorporándose un poco, para poder ver mejor a Ethan.

– Casi dos días – susurró Maddie ayudándola a incorporarse.

– ¿El bebé? – preguntó con miedo, era lo primero que había querido preguntar, pero no se atrevió por no querer oír malas noticias.

– Está bien, los dos estáis bien – sonrió Maddie acomodándole las almohadas – Pero ahora vas a tener que cuidarte un poco más, yo te cuidaré, todos te cuidaremos – sonrió la mujer acercándose a darle un cálido beso en la frente.

– Gracias – .

Ashley miró hacia el sillón a su lado, Ethan descansaba en él, aunque se le notaba que no estaba descansando, tenía más bien aspecto cansado. ¿Había pasado realmente casi dos días junto a ella? Cerró los ojos y los recuerdos la transportaron entre el sueño y la vigilia hasta su infancia, hacia otra vez en que Ethan se quedó a su lado, cuando Nathan la había fallado…


Ethan y Nathan estaban en el parque, jugando en los columpios.

Los dos chicos se balanceaban con fuerza y luego saltaban del columpio para ver cuál de los dos llegaba más lejos, entre risas y piques sanos de hermanos.

– ¿Puedo jugar? – preguntó Ashley acercándose a ellos y dejando su carrito con la muñeca junto a uno de los laterales del columpio.

– Esto es de mayores, pecosa – le sacó la lengua Ethan, la chica le respondió sacándole la lengua ella también.

– Claro que puedes jugar – dijo Nathan dando un salto y acercándose a la niña – yo te empujo – le guiñó un ojo – seguro que le ganamos.

Ethan paró el columpio enfadado.

– Debería seguir jugando con las muñecas – le dijo a Nathan ignorando a la cada vez más enfada niña a su lado.

– Vamos Ash, sube – dijo Nathan ignorando a su vez a su hermano y poniéndose tras el columpio para que la niña se montase – ¡Agárrate fuerte! – le gritó y empezó a empujarle.

Ethan se empezó a columpiar a su lado, más fuerte, cada vez más fuerte, más alto. Hasta que pensó que ya era suficiente y soltó sus manos para saltar hacia delante, cayendo con ambos pies apoyados en el suelo.

– ¡Para! – oyó que Ashley gritaba a sus espaldas y se giró, la niña tenía la cara completamente blanca y se aferraba al columpio como si le fuera la vida en ello.

– Venga, Ash, ¡salta! – le decía Nathan empujándola más fuerte.

– No, no puedo – se quejó la niña casi a punto de llorar.

– Nate, para el columpio – le regañó su hermano, quien desde un principio sabía que aquello no era buena idea.

– Cállate Eth, venga Ash, ¡salta! – gritó Nathan dándole un nuevo empujón a la asustada niña.

Ashley soltó las manos del columpio y saltó, cayéndose sobre la tierra y dando un grito al hacerlo. Ethan comprobó horrorizado cómo el brazo de la pequeña se había roto en una fractura abierta y el hueso sobresalía entre una gran cantidad de sangre, la niña volvió a dar un grito y las lágrimas cayeron a borbotones por sus ojos.

– Nate, no te quedes ahí, ¡hay que llevarla a su casa! – gritó Ethan acercándose a cogerla, Nathan salió corriendo del parque asustado.

– Aaaaaaa, ayyyyy, dueleeeee – gritaba Ashley.

– Tranquila pecosa, estoy aquí – dijo Ethan cogiéndola en brazos como pudo.

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10 pensamientos en “Still Alive – Capítulo 08

  1. Cada vez está más interesante. Me da la sensación de que Nathan es demasiado inseguro, tiene rasgos de psicopatía. No se, creo que todo esto encierra mucho más de lo que imaginamos. Deseando leer los próximos capítulos.

  2. Me ha sorprendido lo rápido que Nathan se ha liado con la otra chica, lo he visto muy egoísta, no ha pensado nada en la situación en la que está. A parte de que ya de pequeños se le ve así. Ya veremos cómo va. Esta super interesante.

  3. Pensaba q tal vez podia equivocarme con lo de la chica pero ya veo q no..una pena. Y encima tiene la cara de excusarse en los celos q sientes xq Ashley y Ethan pasan mas tiempo juntos..q infantil,de verdad…

    1. Lo cierto es que eso ha sido una excusa muy barata q el mejor q nadie sabe al 100% q no hay NADA entre su hermano y su mujer…

  4. Bueno, bueno, bueno, pues ya se han quitado las vendas de los ojos. Ahora a ver si la chiquilla empieza a ver a Ethan con otros ojos!!!

  5. Hola! Me encantó el capítulo. Una chorradita María, cuando Ash pregunta por el bebé, pone ‘malas noticas’. Besotessss

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